HOTEL SULTANAHMET FOUR SEASONS

El Hotel Sultanahmet Four Seasons está a mitad de camino entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, a unos pocos minutos andando de las dos, en una calle que baja desde el Hamam Ayasofia Hürrem Sultan llamada Tevkifhane Sokağı.

El edificio fue construido entre 1918 y 1919 para albergar la Cárcel de Sultanahmet. Es de estilo Neoclásico Turco (también llamado Renacimiento Arquitectónico Nacional o Primer Movimiento Arquitectónico Nacional)el estilo más popular en Turquía durante el periodo comprendido entre 1908 y 1930. Allí fueron encarcelados muchos intelectuales y disidentes políticos turcos. Fue cerrada en 1969, pero sería abierta más adelante como prisión militar hasta su clausura definitiva en 1986. Durante varios años estuvo abandonada hasta que, en 1992, fue convertida en un hotel de lujo, el actual Hotel Sultanahmet Four Seasons.

Estuve allí el 6 de marzo de 2020, a primera hora de la tarde.

Mi objetivo fundamental al visitarlo era subir a una azotea con vistas muy buenas de Santa Sofia. Pero no pudo ser. Ese día había bastante viento y la dirección del hotel había tomado la decisión de cerrar la azotea. No obstante, en recepción me permitieron entrar en el hotel, disfrutar de sus salas y de la luz que entraba por sus grandes ventanales, deambular por los largos y amplios pasillos y, sobre todo, salir al patio interior, antiguo patio de la cárcel con sus torres de vigía. En este último hay plantas y flores de todo tipo, y un precioso velador para refugiarse del calor. Todo en este hotel es exquisito; se cuidan hasta los menores detalles. Y el personal es extraordinariamente amable.

En tiempos bizantinos, bajo lo que es hoy este hotel, estuvo muy probablemente situada la Puerta de Chalke, la entrada principal al Gran Palacio Imperial. Además, debajo del hotel, del Palatium Café y de varios edificios de la zona, se encontraría posiblemente el recinto del Senado, la Magnaura, un edificio de carácter ceremonial en cuya Sala del Trono el emperador recibía a embajadores y a mandatarios extranjeros. 

Quedan varios testimonios de viajeros medievales que describieron la experiencia única de ser invitados a las legendarias recepciones en la Sala del Trono del Palacio de Magnaura. Todo el ceremonial tenía como objeto dejar claro a todos los asistentes que estaban en presencia del representante de Dios en la Tierra, el Igual de los Apóstoles. Todo era pompa y boato. Se cuidaba hasta el más mínimo detalle. El emperador vestía deslumbrantes vestiduras bordadas en oro y plata, llevaba sobre su cabeza una corona con numerosas y valiosas piedras preciosas engarzadas, y mostraba y hacía uso de todos sus atributos imperiales; además recibía a sus invitados sentado en un trono que subía y bajaba, había alrededor de él arboles, pájaros piando y leones rugientes, todo ello artilugios mecánicos que daban la impresión de ser árboles, pájaros y leones auténticos. Y el efecto era generalmente el deseado, porque nadie en aquellos tiempos había contemplado nada igual.

Por supuesto, hace siglos que todo esto desapareció. Sin embargo, quedan ruinas y subestructuras que han sido excavadas en algún momento en el solar del actual Hotel Sultanahmet Four Seasons y en otros lugares cercanos. Por desgracia, desde hace años, en este hotel las excavaciones están totalmente paralizadas, lo cual ha llevado a problemas entre el hotel, el Museo Arqueológico, el Ayuntamiento de Estambul y la compañía constructora. La realidad, hoy en día, es que ni hay excavaciones, ni el público puede acceder a ellas. 

Volví al hotel al día siguiente, el sábado 7 de marzo, al final de la tarde, ya de noche, porque me habían comentado allí que algunos sábados por la noche había músicos que cantaban y tocaban música típica turca. La realidad fue que había poca gente y nadie tocaba nada. Pregunté y me dijeron que quizás hubiera algo más tarde. Permanecí un rato pero decidí que era ya algo tarde y me marché.

En diciembre de 2022 regresé al Hotel Sultanahmet Four Seasons pero, también esta vez, fue imposible acceder a la azotea.

Finalmente, el sábado 16 de agosto de 2025, por la tarde, conseguí mi objetivo. Tuve que pasar por el patio central y por varios pasillos hasta alcanzar la famosa azotea. Había unas cuantas mesas con sillas y sofás corridos para sentarse, todo ello lujosísimo; desde allí se veía Santa Sofia casi enfrente y otros lugares del entorno. Entre Santa Sofia y el hotel había unas türbes o mausoleos otomanos y una zona vallada con muchas excavaciones arqueológicas al aire libre, supongo que de estructuras pertenecientes al Gran Palacio. Permanecí absorto unos minutos contemplando todo a mi alrededor y habría deseado permanecer en este paraíso toda la tarde.

Recreaciones virtuales de:

PALACIO DE BEYLERBEYİ

Los dos grandes palacios de Estambul son, sin duda alguna, el Palacio Topkapı, primero, y el Palacio Dolmabahçe, después. Son totalmente diferentes el uno del otro. Topkapı es más antiguo, más oriental, con más historia. Dolmabahçe es más europeo y moderno. Pero los dos tienen en común que son espectaculares. 

Para mí, el tercero sería el Palacio de Beylerbeyi, en la orilla asiática del Bósforo y al norte de Üsküdar. 

El 27 de diciembre de 2017, por la tarde, después de comer un delicioso pilav en un pequeño restaurante de Üsküdar, fui a la parada de autobuses que hay en el puerto. Allí, tras esperar muy poco, cogí un autobús rumbo a Beylerbeyi; era uno de los autobuses 15 (el 15, 15A, 15C, 15E, 15H u otro 15, no recuerdo, porque todos llevan a Beylerbeyi). Durante parte del recorrido, pude contemplar el Bósforo a través de las casas y de los chalets en primera línea del mar. Hay 6 paradas y en unos 10 minutos llegué a Beylerbeyi Palacela parada más cercana al palacio. 

El Palacio de Beylerbeyi está situado a unos 100 o 200 metros de la parada, junto al mar y casi debajo del enorme Puente del Bósforo. 

Saqué el billete en la taquilla de la entrada. Me dijeron que tendría que esperar un poco hasta que salieran los visitantes que estaban en ese momento recorriendo el palacio.

Parte del edificio estaba en obras, por lo que había bastantes lonas y andamios, especialmente por la parte norte y oeste (la que mira al mar). Aun así, se podía ver muy bien el exterior: las escaleras ovaladas de mármol que conducen a las puertas, los leones de piedra que guardan cada una de ellas, las columnas de estilo corintio en los dos pisos, los grandes ventanales, etc. Me recordaba bastante al Palacio de Dolmabahçe, aunque considerablemente más pequeño.

Los jardines están muy bien cuidados, al menos la zona que se podía ver cuando estuve. Hay  césped, varios tipos de árboles y un estanque con una fuente. Junto al Bósforo hay puertas enrejadas al estilo Dolmabahçe y un pequeño pabellón de piedra o mármol en forma de tienda de campaña muy abigarrado, que supongo servía de mirador. Las farolas son todas muy bonitas también. 

Recorrí los jardines e hice fotos de todo el conjunto, de las maravillosas vistas del Bósforo y de la orilla europea.

Poco después salieron los visitantes por la puerta sur y entonces los encargados nos llamaron a todos los que estábamos esperando en el jardín. Fuimos entrando uno a uno. Nos tuvimos que poner unas calzas de plástico para no manchar ni estropear el suelo. Los hombres que estaban en la puerta nos advirtieron que no se podía hacer fotos dentro. Cuando ya estábamos todos, nos dejaron entrar.

El interior es tan elaborado y recargado como el interior del Palacio Dolmabahçe. Se puede vistar el Haremlik (la zona privada del sultán) y el Selamlık (la zona pública).Posee incontables objetos de valor incalculable: muebles, alfombras, jarrones de porcelana, relojes, arañas, etc. La escalera principal es espectacular, con barandillas rojas y el resto en colores muy vivos y alegres. Las salas son verdaderamente regias, con columnas de diferentes tipos y estilos. Todo el palacio es una mezcla de arte otomano clásico con barroco, rococó, renacimiento y neoclásico, una mezcla de arte oriental y occidental.

Hay dos salas especialmente suntuosas, el Pabellón Amarillo y el Pabellón de Mármol. Este último, aparte de las columnas, la decoración y el maravilloso techo, destaca porque tiene una fuente y un estanque en medio de la sala.

Beylerbeyi fue construido a mitad del siglo XIX por el sultán Abdülaziz como residencia de verano. También fue utilizado para alojar a jefes de Estado y a grandes personalidades, por ejemplo, el Emperador Francisco José de Austria-Hungría, el kaiser alemán Guillermo II y la emperatriz de Francia Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.  El sultán depuesto Abdulhamid II fue confinado en Beylerbeyi hasta su muerte. Más adelante, Eduardo VIII y su esposa Wallis Simpson también se alojarían aquí.

Tras volver a pasearme brevemente por el jardín, salí del palacio, cogí un autobús y regresé al puerto de Üsküdar.

CEMENTERIO Y MAUSOLEOS DE MAHMUT II, ABDÜLAZİZ Y ABDÜLHAMİT II

 La calle Divan Yolu, probablemente la calle histórica más importante de Estambul, ofrece muchas sorpresas al visitante. Una de ellas es un cementerio del siglo XIX que contiene un mausoleo con los féretros de tres sultanes de la época: Mahmud II (1785– 1839), Abdülaziz (1830-1876) y Abdülhamid II (1842-1918).

Es muy fácil de encontrar porque está situado en el nº 15 de la calle, en la misma acera y muy cerca de la antigua Columna de Constantino o Çemberlitaş, enfrente de la antigua Biblioteca Köprülü, entre las paradas del tranvía T1 Çemberlitaş y Sultanahmet.

Hay unos grandes arcos blancos, a la entrada, que dan paso al cementerio. En él están enterrados unos cuantos parientes de los tres sultanes y también dignatarios de entonces. Se parece a los cementerios cristianos pero, en lugar de cruces, hay pilones con texto en caligrafía árabe, alifato, que fue el alfabeto que se utilizó en Turquía hasta que el Presidente Kemal Atatürk introdujo el alfabeto latino en 1928. Y sobre estos pilones de piedra o pequeños obeliscos, a veces hay esculpidos turbantes para los hombres y flores para las mujeres.

Al fondo del cementerio hay un café.

He estado allí varias veces deambulando por entre las tumbas pero sólo en marzo de 2020 pude entrar en el mausoleo. Para llegar a este último, una vez se ha entrado al cementerio se tuerce a la izquierda. El mausoleo está al final. Es un edificio blanco por fuera y octogonal, con cúpula. Antes de entrar, hay que quitarse los zapatos (y las mujeres ponerse velo), al igual que en todos los edificios religiosos musulmanes. 

Dentro se pueden ver los grandes catafalcos de los sultanes y de sus mujeres e hijos. La sala y la decoración están influenciados por el estilo neoclásico francés de la época de Napoleón, muy popular en las primeras décadas del siglo XIX; tiene, sin embargo, un cierto toque pomposo y oriental.

MEZQUITA DE ÇAMLICA *

En mi viaje a Estambul en diciembre de 2018, mirando hacia la parte asiática, me di cuenta de que había una enorme mezquita blanca en el horizonte más allá de Üsküdar

Al principio pensé que se trataba de la Mezquita Atik Valide, una obra maestra del siglo XVI construida por el gran arquitecto otomano Sinan. Sin embargo, aunque esta maravilla de Sinan está situada en lo alto de una colina detrás de Üsküdar, esa no era su ubicación. Además no es tan grande ni tan blanca como para que se pueda ver por todos los sitios. Con lo cual concluí que, o no me había dado cuenta anteriormente de ella, o era nueva.

Al regresar a España me informé de que se trataba de la nueva Mezquita de Çamlıca, comenzada a construir en 2013 y terminada en 2019, la más grande de Turquía, la única en el mundo con seis minaretes junto con la Mezquita Azul en Estambul y las grandes mezquitas de La Meca y Medina. Este proyecto faraónico lo realizaron dos arquitectas turcas y hubo bastante polémica.

Se encuentra en la colina de ÇamlıcaÇam en turco quiere decir "pino" porque esta zona era un enorme pinar hasta que el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan decidió construir aquí su mezquita y acabar con parte del pinar. Hubo muchas protestas pero las obras siguieron adelante y también la tala de pinos.

En marzo de 2020 fui de Üsküdar al cementerio de Karacaahmet donde visité una joya de la arquitectura turca de la última década: la Mezquita Şakirin. Muy cerca de aquí hay una parada de autobús en la que esperé a que llegara el 14F; tiene una frecuencia de 15 minutos más o menos. Llegó enseguida y, después de unos 20-30 minutos, bajé en Ferah Mahallesi, a unos cinco minutos andando de la Mezquita de Çamlıca. Hubo que subir el último tramo de la colina y además cruzar la carretera, pero valió la pena porque así pude ver, poco a poco, cómo iba apareciendo todo el complejo. De todas formas, decidí que la próxima vez que estuviera allí, bajaría en la siguiente parada porque ésta deja justo enfrente, al otro lado de la carretera.

El edificio es inmenso, con mucho mármol blanco y otros materiales caros, y está claro que ha costado una fortuna. 


Aunque moderna en apariencia es conservadora arquitectónicamente. Es evidente que se quiso primar el tamaño y el lujo sobre la auténtica creatividad. Es una mezquita del siglo XXI en sus dimensiones pero, salvo por eso, podría haber sido construida en el siglo XVI a la vez que cualquier otra de las mezquitas clásicas. Es indudablemente muy bonita, porque está construida y decorada con muy buen gusto, y deja con la boca abierta por su tamaño y su situación, pero no alcanza la belleza, ni el encanto de las grandes mezquitas de Estambul. Recuerda a la Mezquita de Süleyman, a la de Fatih, a la de Sultanahmet y a otras, pero es como una mezcla de todas ellas. 

Aparte de la mezquita en sí, el conjunto incluye un museo, una galería de arte, una biblioteca, una sala de conferencias y un aparcamiento.

El día que la visité era fresco pero muy soleado. Había muchísima gente por todos los sitios; pero es tan grande y tiene tantos espacios abiertos que casi no se notaba.

Aparte del edificio, lo más impresionante del lugar son las espectaculares vistas de Estambul desde allí. Solamente por esto vale la pena la visita.


Volver a Üsküdar es muy sencillo. Se cruza la carretera y allí hay una parada con muchos autobuses. Casi todos llevan a la zona del Puerto de Üsküdar y a la Estación de Marmaray en unos 25-30 minutos. Dependiendo de la hora del día, tarda más o menos.


Regresé a este lugar el 17 de agosto de 2025, domingo, por la tarde. El día era moderadamente caluroso y había mucha gente, como siempre. 

Esta vez cogí el metro, línea M5, en el Puerto de Üsküdar. Bajé en la estación de metro Ümraniye unos 10 o 15 minutos después. Según Google Maps, el siguiente paso era coger el autobús C118 que me conduciría a mi destino. Tras buscar infructuosamente la parada del C118 que, según Google, estaba muy cerca, pregunté a unos señores sentados delante de una tienda y me dijeron que, para ir a la Mezquita de Çamlıca, hay que coger el autobús 320 en la calle Alemdağ Yanyolu, a unos pocos metros de allí. Tenían razón. Anduve unos minutos hasta la parada, esperé un poco y el autobús 320 llegó enseguida. En unos 10-15 minutos ya estaba en mi destino.

Siempre he pensado que, en una mezquita, al igual que en cualquier templo o lugar religioso, hay que comportarse siempre de forma muy respetuosa, por el lugar en sí pero también por las personas que acuden allí a orar y a estar en silencio. Y normalmente suele ser así en las mezquitas de Estambul, a pesar de algunos turistas sin mucha educación. Pero esta vez me sorprendió ver a ciertas personas jugando con pelotas y a otras haciendo piruetas con bicicletas o monopatines en el avlu, el patio de entrada a la mezquita. Y dentro de la mezquita había gente molestando a los demás con sus móviles sin cascos, gente hablando a gritos, niños corriendo y gritando como si estuvieran en la calle, etc. Y no vi a ningún guardia de seguridad ni a nadie que pusiera orden en todo ese barullo. 

En la visita anterior no me había dado cuenta de que, dentro de la mezquita, hay unas escaleras que conducen a todas las galerías superiores. Esta vez, nada más entrar al interior, lo descubrí y me pregunté cómo no me había dado cuenta de ello en 2020. Por supuesto, subí inmediatamente, visité todas las galerías e hice un montón de fotos. Y puedo asegurar que las vistas desde arriba están muy bien también.

Al terminar, cogí un autobús para volver a Üsküdar. Esta vez me llevó más tiempo que la vez anterior ya que hubo grandes atascos. Llegamos al Puerto de Üsküdar ya de noche y, por desgracia, no pude contemplar ya la maravillosa puesta de sol desde las orillas del Bósforo.

VEZİR HANI

Hasta el siglo XIX, los comerciantes y mercaderes que viajaban por Oriente Medio se alojaban en unos sólidos edificios de piedra o de piedra y ladrillo llamados han o caravanseraySe construyeron cientos de ellos a lo largo de la Ruta de la Seda.  Allí se daba alojamiento y comida; además, los que se quedaban allí podían guardar todas sus mercancías, relacionarse entre ellos, hacer negocios, informarse acerca de otras costumbres, de otros países, de acontecimientos ocurridos en otros lugares, de nuevas ideas, filosofías, religiones, etc. 

Como Estambul fue durante siglos uno de los grandes centros comerciales del mundo, durante la época otomana se construyeron muchos hans, especialmente en el área comercial entre el Gran Bazar y el Cuerno de Oro. Todavía hoy quedan unos cuantos, aunque ya no tienen la función para la que fueron creados y suelen estar bastante viejos y deteriorados. Actualmente se pueden encontrar allí pequeños comercios, tiendas de reparación de cualquier cosa, almacenes de ciertos productos, etc. 

Uno de los más conocidos es Vezir Hanı, un edificio construido en el siglo XVII por una de las familias más importantes y poderosas de toda la historia del Imperio Otomano, los Köprülü. Se encuentra en la misma plaza donde se yergue la Columna de Constantino, Çemberlitaş, y en la misma acera del famoso Hamam Çemberlitaş.

Se entra por una majestuosa entrada con dos enormes puertas de madera. Los caravanserais se cerraban todas las noches con llave, como si de una fortaleza se tratara, ya que contenían muchas riquezas. No sé si ahora se cerrará también. 

La entrada se realiza por un pasaje con tiendas a los dos lados. Al final hay un gran patio. Poco antes de llegar a este patio hay escaleras, tanto a la derecha como a la izquierda, que conducen al piso superior. En la parte inferior del han se almacenaban las mercancías. En la parte de arriba había unos cuartos que se utilizaban de dormitorios.

El patio es muy grande y está pavimentado con piedras y guijarros. Actualmente ya no hay camellos ni caballos sino muchísimos coches aparcados y otros vehículos. Había un edificio en el centro que creo que es una pequeña mezquita. 

Subí a la planta alta. No había nada especial pero me recordaba a los claustros de los monasterios cristianos, con grandes arcos que dan al patio, un largo pasillo y, al otro lado del pasillo, las diferentes habitaciones. Desde los arcos había muy buenas vistas de todo el conjunto.

Al igual que los demás hans, necesita una buena renovación pero, a pesar de que está descuidado, a mí me pareció bastante interesante porque mantiene muy bien la estructura original.

PARQUE DE YILDIZ

El Parque de Yıldız (o de la Estrella) es el parque más grande de Estambul en su parte europea. Se encuentra muy cerca del Palacio-Hotel Çırağan. Para acceder a él desde este último, hay que cruzar la Avenida Çırağan y, al otro lado, se entra en una pequeña calle con una mezquita en el lado derecho (la mezquita Küçük Mecidiye) y una comisaría de policía en el lado izquierdo. 

El parque empieza a partir de un gran arco pintado de amarillo claro al final de la calle. Desde allí hay un sendero muy largo que cruza todo el parque de sur a norte hasta la cumbre de la colina, en la que se sitúa el Museo del Palacio de Yıldız. Por desgracia, en diciembre de 2018, cuando lo alcancé después de caminar un buen rato hacia arriba, tod0 el conjunto museo-palacio (apartamentos imperiales, harem, teatro imperial, pabellón de Şale y otros edificios más) estaba cerrado por obras.

Todo lo que está fuera del recinto del palacio-museo sí que se puede ver. Yendo desde aquí hacia el este se puede ver el Pabellón de Malta, un palacete de dos pisos con columnas corintias y muros pintados en colores pastel, que se utiliza como restaurante de lujo. Las vistas del Bósforo desde allí son extraordinarias. Pude incluso vislumbrar a lo lejos una de las islas del Mar de Mármara.

Descendiendo del Palacio-Museo hacia el sur hay otro palacete, el Pabellón de Çadır, que fue utilizado como prisión durante el siglo XIX pero que ahora alberga un restaurante y un café. Junto al edificio hay un gran lago artificial con una fuente en el centro. Dentro del lago hay una gran colonia de patos.

Es un parque muy frondoso con muchos tipos de árboles, plantas y flores, muchos senderos, fuentes, lagos artificiales, riachuelos, puentecillos de madera y pequeños palacetes. Todo ello, jardines y edificios incluidos, se convirtieron en sede del poder imperial otomano durante el reinado del sultán Abdülhamid II, que reinó de 1876 a 1909. Parece ser que el sultán tenía miedo a un ataque por mar a su Palacio de Dolmabahçe, junto al Bósforo, y decidió construir otro, el de Yıldız, en la colina, de forma que así se sintiera más seguro. Los gastos fueron astronómicos para un país en franca decadencia y con enormes bolsas de pobreza y una gran deuda exterior, lo cual contribuyó al desprestigio del monarca y a su posterior destitución.

Salir del parque me resultó un poco difícil porque creo que solo hay una entrada por el sur y otra por la zona norte del Palacio-Museo. Cogía un sendero y no me llevaba a ningún sitio, y así uno tras otro. Sin embargo, el hecho de perderme un poco, me dio la oportunidad de poder deleitarme con maravillosas vistas del Bósforo y de la parte asiática. Finalmente decidí volver al sendero principal y desde allí llegué otra vez al arco de entrada por el que había comenzado mi visita hora y media antes.

FUENTE DE TOPHANE

La Tophane Çesmesi se encuentra en el barrio de Tophane, en el centro de la Plaza del mismo nombre. A un lado de ella está situada la Mezquita de Kılıç Ali Paşa y, enfrente, el edificio de Tophane, la antigua fábrica de cañones convertida en Centro Cultural y de las Artes Tophane-i Amire.

Es una de las fuentes más famosas y la tercera más grande de Estambul. Es de mármol y fue construida en estilo barroco en el siglo XVIII por el sultán Mahmut I, y pintada por innumerables pintores desde entonces. 

Está muy decorada con todo tipo de nichos, pequeños arcos y arabescos, y tiene una cupulita y un tejadillo o porche muy ancho. Su última restauración data de 2008, por lo que aparenta haber sido construida recientemente.

La he visto de día y también de noche, y siempre me ha parecido la más bonita de la ciudad.

MURALLAS DE GALATA

En la parte norte del Cuerno de Oro, casi en el punto donde se junta con el Estrecho del Bósforo, se encuentra Galata (o Karaköy), el antiguo barrio que fue colonia genovesa en los últimos siglos del Imperio Bizantino. 

Entre el Puente de Galata y el Puente de Atatürk hay actualmente otro puente muy moderno en medio del cual pasa y para la línea de metro M2. La parada se llama Haliç. A cada lado del metro el puente es peatonal, con unas vistas impresionantes de la ciudad. Tras parar en Haliç, se sale a un parque en el que se pueden ver restos de las Murallas de Galata. No queda mucho, ni allí, ni en ninguna otra parte del barrio (a excepción de la Torre de Galata que está prácticamente intacta) pero uno se puede hacer todavía una idea de cómo debieron ser las imponentes defensas por la parte interior. Visité estos pequeños restos la mañana del 23 de diciembre de 2018.

Después de la conquista de Constantinopla por los Cruzados en 1204, los genoveses se establecieron en Galata, al otro lado del Cuerno de Oro. Tras la reconquista bizantina de la ciudad en 1261, los genoveses apoyaron a los bizantinos, lo cual les valió un trato preferente y el derecho a permanecer allí. De 1303 a 1352 construyeron unas murallas de unos dos  metros de ancho que defendían toda el perímetro de su colonia, desde el Cuerno de Oro hasta el Bósforo, todo ello rodeado de un foso.

Tras la conquista turca de Constantinopla, los turcos respetaron Galata porque se había mantenido neutral. Aun así, el sultán mandó demoler algunas partes de las murallas y ocupar la Torre de Galata. Finalmente, durante la segunda mitad del siglo XIX, las Murallas de Galata fueron demolidas casi en su totalidad.

SEREFİYE SARNICI (CISTERNA DE TEODOSIO) *

La Cisterna de Teodosio, más tarde llamada Serefiye Sarnıcı por los turcos, es una de las muchas cisternas construidas por los emperadores bizantinos para depositar el agua que llegaba a Constantinopla a través del Acueducto de Valente. Parece ser que la mandó levantar Teodosio II o su hermana, la emperatriz Pulqueria, entre 428-443, lo cual convierte a este lugar en uno de los edificios más antiguos de Estambul, unos 100 años antes que la impresionante Cisterna Basilica de Justiniano. Sin duda alguna suministraba agua al Foro de Constantino, a la fuente llamada Nymphaeum y, junto con otras cisternas, probablemente también a los Baños de Zeuxippo y al Gran Palacio.

En diciembre de 2017 descubrí su emplazamiento en la calle Piyer Loti Caddesi nº 23, pero no conseguí entrar porque estaba cerrada. Pregunté en un hotel enfrente si había alguna manera de acceder al lugar pero me informaron que estaba en restauración desde 2010 y que abriría sus puertas en unos meses.

En diciembre de 2018 volví otra vez y esta vez ya estaba abierta. Se encuentra en el centro de una pequeña plaza muy agradable, debajo de un enorme cubo de cristal y metal bastante feo, construido a propósito para albergar la cisterna. Se baja por unas escaleras pero hay también ascensor.

No es tan grande como la Cisterna de Binbirdirek, ni mucho menos como la Cisterna Basilica, pero, aun así, ocupa un área de 1125 metros cuadrados. El techo está dividido en pequeñas cupulitas de ladrillo, sostenidas por 32 columnas de mármol blanco de unos 9 metros de altura cada una, en cuatro filas de ocho columnas cada una. Todos los capiteles son de estilo corintio. En el fondo hay agua pero se puede visitar caminando por una pasarela.

Se utiliza principalmente como sala de exposiciones. En diciembre de 2018 había una exposición del artista turco Süleyman Saim Tekcan titulada Atlar, Hatlar ve Süleymannâme, compuesta de grabados y esculturas de caballos con caligrafía otomana. En marzo de 2020 estuve otra vez y esta vez se exponía un reportaje fotográfico muy interesante. 

Está abierta todos los días de 9 am a 7 pm.

Las dos veces que la visité la entrada era gratuita. En cambio, ahora hay que comprar billete; si se es extranjero se paga bastante más que si se es ciudadano turco.



COLINA DE ÇAMLICA *

Tanto en la parte europea como en la parte asiática de Estambul hay muchas colinas que bajan suavemente hacia el Bósforo.

En la parte asiática de la ciudad, a unos pocos kilómetros del puerto de Üsküdar, se encuentra la colina más alta del Gran Estambul, Çamlıca, que quiere decir, más o menos, la zona de los pinares. Está a 268 metros de altura sobre el nivel del mar.  

Lo más fácil para llegar allí es coger el metro línea M5 en el puerto de Üsküdar, en la estación Marmaray Üsküdar, y bajar en la parada de Kısıklı desde donde hay que andar un rato o bien coger un taxi hasta la cumbre. Es posible también llegar a Kısıklı en autobús (hay muchos autobuses: 9ÜD, 11A, 11L, 11M, 11Y, 11ÜS, 12ÜS, 320) pero tardan más que el metro y son menos cómodos. La línea M5 es muy moderna y cómoda.

Subí a Çamlıca de 27 diciembre de 2017. En lugar de hacerlo desde Üsküdar lo hice desde la Mezquita Şakirin, que está nada más entrar al Cementerio de Karacaahmet. Desde la parada de Zeynep Kamil, al lado del cementerio, se puede ir en los autobuses 11P, 12A, 13, 13B, 14, 14F, 14K, 14R, 14Y.

Cogí el autobús 12A. Bajé en la parada de Fıstıkağacı y anduve unos 100 metros hasta el metro, línea M5, estación Fıstıkağacı. De allí hasta Kısıklı cuesta menos de 10 minutos. También se puede parar en Bağlarbaşı, coger el metro a unos 100 metros y parar en Kısıklı. 

De Kısıklı anduve un rato cuesta arriba hasta alcanzar la cumbre. Me llevó entre 20-30 minutos pero gente más deportista lo podría hacer seguramente en unos 15 minutos. Tras salir del metro se cruza un pequeño parque y después se gira a la izquierda por una calle llamada Kısıklı Büyük Çamlıca que pasa por lujosos chalets y casas de campo. Al cabo de un rato se llega a una encrucijada de caminos y se toma el camino de la derecha, el que sube, llamado Turistik Çamlıca Caddesi. Desde aquí la subida es más empinada. 

Al llegar, uno se da cuenta de que ha valido la pena el esfuerzo porque el mirador y las vistas panorámicas de la ciudad desde allí son verdaderamente impactantes, tanto de la parte europea como de Anatolia. Aparte de la península de la ciudad antigua con sus cúpulas y minaretes, y de los altos rascacielos de la parte europea, en un día claro se pueden también ver sin dificultad las islas del Mar del Mármara e incluso el Monte Uludağ (llamado Olimpo en tiempos greco-romanos y bizantinos) a unos 2500 metros de altura sobre el nivel del mar y a 175 kilómetros de Estambul.

Çamlıca tiene muchas zonas verdes, pinos, cosas para niños y algunos cafés y restaurantes. Además los baños están muy limpios y muy bien cuidados.

Después de un buen rato disfrutando del lugar y de las vistas, descendí a pie hasta la parada de metro de Kısıklı. En esta estación, cogí el metro, línea M5, hasta llegar al puerto de Üsküdar, a la estación de  Marmaray Üsküdar. Tarda sólo 10 minutos, y hay cuatro paradas.

CEMENTERIO DE KARACAAHMET Y MEZQUITA ŞAKİRİN *

Viendo un día un documental sobre Estambul en la televisión, me fascinó todo lo que se trató acerca de la Mezquita Şakirin. Fue diseñada en su totalidad por la arquitecta turca Zeynep Fadıllıoğlu, la primera mujer que ha hecho algo así en Turquía y en el mundo musulmán. Me llamó la atención la idea de Zeynep de crear algo que no fuera una repetición de las mezquitas clásicas de la época dorada del Imperio Otomano, algo que habían hecho continuamente casi todos los arquitectos turcos desde entonces. Ella quería crear algo nuevo y hermoso en donde las mujeres tendrían mayor presencia e importancia; para ello, en Şakirin, las mujeres entran por el mismo lugar que los hombres y tienen una vista privilegiada de toda la sala, del mihrab, del mimbar y de la gran lámpara central desde la balconada que les ha sido asignada. Desde que vi el documental deseé visitar personalmente este lugar.

La Mezquita Şakirin se encuentra en la parte asiática de Estambul, aproximadamente a mitad de camino entre Kadıköy y Üsküdar, lejos de las rutas turísticas habituales. El 27 de diciembre de 2017 cogí el autobús línea 12A que va desde la estación de autobuses de Kadıköy hasta la parada Zeynep Kamil Hastanesi. Esta parada está situada a unos metros de la entrada al enorme recinto del Cementerio de Karacaahmet. Nada más acceder, a la derecha, se puede ver todo el conjunto de la Mezquita Şakirin sobre un pequeño altozano, con el patio de las abluciones, la cúpula blanca y los dos minaretes.

Se suben unas escaleras junto a las cuales hay una dedicatoria a İbrahim y a Semiha Şakir (de cuyo apellido deriva el nombre de la mezquita). Lo primero que aparece delante del visitante es el maravilloso patio de abluciones, con muchas ventanas cuadradas con enrejados para filtrar la luz. En el centro hay una fuente circular con una gran bola metálica en el centro que refleja todo el patio. 

El interior de la mezquita es espectacular, con colores muy agradables y cálidos. Hay muchísima luz que entra por los ventanales pero que se filtra por enrejados dorados y azules. El mihrab es ovalado,  y verde por fuera y redondo y dorado por dentro. A su derecha está el elegante mimbar de color blanco. Del techo, en el centro de la sala, cuelga una enorme lámpara con decenas de láminas de cristal que descienden hasta adquirir la forma de pequeñas gotas de agua. Hay una franja de color rojo en caligrafía árabe dorada encima de los ventanales, en tres de las cuatro paredes. Finalmente, la zona de las mujeres, enfrente del mihrab es, sin duda, el mejor mirador. Únicamente me encontré con un hombre tumbado y durmiendo, por lo que pude disfrutar prácticamente solo de esta maravilla.

Por detrás de la mezquita hay un parking.

Después de permanecer un buen rato en la mezquita, anduve unos minutos por el Cementerio de Karacaahmet. Es el cementerio más grande de Turquía y el más antiguo de Estambul (siglo XIV). Tiene innumerables cipreses y miles de tumbas, algunas de ellas muy lujosas



El sábado 7 de marzo de 2020, por la tarde, regresé a este lugar. 

Si en la primera visita había hecho el trayecto desde Kadıköy, esta vez salí de Üsküdar, es decir en dirección contraria a la vez anterior

De la Estación del Marmaray, en el puerto de Üsküdar, cogí el metro línea M5  hasta Bağlarbaşı. Bajé en esta parada y anduve unos 100 metros o menos hasta la parada de autobús de Marmara Üniversite Ilahiyat Facültesi. Allí cogí uno de los muchos autobuses que van en dirección a Kadiköy, y paré unos cinco minutos después en la parada Zeynep Kamil Hastanesi, justo enfrente de la verja de entrada al Cementerio de Karacaahmet, al otro lado de la avenida Nuhkuyusu Caddesi.

Había bastante gente en el cementerio y en los alrededores de la mezquita. Dentro de la mezquita, en cambio, sólo había algunos hombres rezando y, una vez más, me encantó la belleza del interior, la luz y la paz que se respira allí.

ZOÖDOCHOS PEGE O MONASTERIO ORTODOXO DE BALIKLI

En marzo de 2013 recorrí por primera vez las Murallas Terrestres de Constantinopla. Al llegar a la Puerta de Selimbria o Silivri Kapı intenté encontrar el Monasterio Ortodoxo de Balıklı (Zoödochos Pege, en griego, que quiere decir "la fuente que da la vida") pero no había buscado bien las direcciones con anterioridad y no lo encontré. En realidad estuve cerca porque no está muy lejos de las Murallas.

En diciembre de 2017 volví a recorrer las Murallas. Uno de mis objetivos era llegar a Balıklı. 

Desde Silivri Kapı se cruza la carretera. Casi enfrente hay una calle o camino llamado Seyit Nizam Caddesi. A unos 80 o 100 metros aparece una bifurcación. Se toma la calle Balıklı Silivri Kapı Sokak y se camina por ella unos 200 o 300 metros. Aparecen unos muros de piedra a la izquierda, se tuerce un poco y, enseguida, está la puerta, con una inscripción sobre el dintel con el nombre del lugar en griego y en turco.

Nada más entrar hay unos guardias de seguridad a la izquierda. Les pregunté y enseguida me indicaron por dónde se entraba a la iglesia. 

La iglesia está en el centro del recinto. Es muy amplia, con columnas de mármol muy gruesas y una bóveda de cañón. El iconostasio es de estilo neoclásico, como si fuera un templo griego, blanco y con muchos detalles dorados. Este lugar ha existido desde casi el comienzo del Imperio Bizantino. Se sabe que varios emperadores como Justiniano, León I y Andrónico III estuvieron muy ligados al Monasterio Ortodoxo de Balıklı y lo beneficiaron de muchas maneras. Después de muchos avatares históricos fue todo reconstruido en 1833 por el Patriarca Constancio I.

Aparte de la iglesia hay un monasterio, la fuente sagrada y un pequeño cementerio donde están enterrados los últimos Patriarcas Ecuménicos de Constantinopla, algunos obispos ortodoxos y algunos personajes famosos de la élite greco-turca de otros tiempos.

La fuente sagrada se encuentra justo debajo de la iglesia bajando por unas escaleras. Se llega a una sala y, en uno de los lados, está situada la fuente. En realidad es un estanque o pozo de agua muy cristalina y azulada encima del cual se ha construido un santuario de mármol y de ladrillo. El agua sale de un grifo de mármol que lo vierte en el pozo. Se pueden ver pececillos. Esta es la razón por la que se llama "Balıklı", de "balık" que quiere decir "pez" en turco. 

Según una leyenda, cuando Constantinopla fue conquistada por los turcos en 1453, un monje estaba friendo un pez. Al oír la terrible noticia, el pez resucitó y saltó al estanque o pozo a medio freír, con lo que una parte de su cuerpo era de color marrón y la otra no. Desde entonces los peces de esta fuente sagrada fueron mitad marrones; o al menos eso dice la leyenda porque los que hay ahora son bastante normales.  

Se cuentan muchas historias de milagros acaecidos al beber el agua sagrada de esta fuente. Este es uno de esos pocos sitios donde tanto los griegos como los turcos se juntan para rezar y beber agua.

Al salir de Balıklı, a la izquierda, unos metros más allá, se cruza una calle y se puede ver un cementerio armenio y, un poco más arriba, uno griego ortodoxo.

MUSEO DE ARTES TURCAS E ISLÁMICAS (PALACIO DE İBRAHİM PAŞA)

El Museo de Artes Turcas e Islámicas ocupa el lugar que ocupó el Palacio de İbrahim Paşa. Está en el Hipódromo, al otro lado de la Mezquita Azul.

Ibrahim Paşa era griego o eslavo. De niño fue capturado por los otomanos y llevado como esclavo a Constantinopla. Aquí conoció a quien luego sería el sultán Süleyman y los dos se hicieron amigos íntimos e inseparables. Fue nombrado gran visir por Süleyman el Magnífico, el más famoso de los visires de este sultán. Se casó con una hermana de Süleyman el Magnífico según algunos o con la hija de un famoso comerciante turco según otros. Su enorme riqueza y poder le granjearon enormes envidias, principalmente por parte de la poderosa Roxelana (o Hürrem), la mujer de Süleyman, que intrigó sin parar hasta conseguir su ejecución. Tras su muerte, el sultán se incautó de todas sus riquezas y de su enorme palacio. 

Durante los siglos siguientes el palacio tuvo muchos usos (prisión, residencia de embajadores ...). Finalmente, en el siglo XX fue renovado y se convirtió en lo que es hoy, Museo de Artes Turcas e Islámicas.

Siempre que he estado en Estambul lo he visto al pasar por el Hipódromo, pero todas las veces estaba en obras. En diciembre de 2017 las obras habían acabado y pude visitarlo por dentro.

Es uno de los mejores museos en su género. Hay obras maestras de caligrafía artística islámica y pintura islámica, posee algunas de las mejores alfombras del mundo, hay manuscritos antiquísimos, cerámica de gran valor, obras de metal y de cristal, una maravillosa puerta de madera del siglo XII de la Gran Mezquita de la ciudad de Cizre (al sur de Turquía), etc. Además de ello hay una muestra etnográfica acerca de la vida de los turcos de Anatolia. 

Se entra a un gran patio y de ahí se pasa al museo en sí. El segundo piso es el que contiene las piezas más importantes, divididas por periodos en diferentes habitaciones. Hay objetos de las épocas omeya, abbasí, fatimí, de los mamelucos, de los turcos selyúcidas, de los otomanos y de otros.

También en el segundo piso, el mirador ofrece vistas muy buenas del Hipódromo, de la Mezquita Azul y de Santa Sofia. 

En la planta baja, detrás de la zona donde se compran los billetes y de una pequeña librería, se pueden ver unas ruinas bizantinas de las antiguas gradas del Hipódromo.


Es un museo imprescindible para todos aquellos que estén muy interesados en la cultura islámica.



ORTAKÖY *

El barrio de Ortaköy está situado a unos 2,5 kilómetros al norte del Palacio de Dolmabahçe. Se puede llegar allí fácilmente en cualquiera de los muchos autobuses que paran en la Avenida Çırağan, casi al lado del Palacio, y que van hasta Kabataş Erkek Lise (autobuses 22, 22RE, 25E, 30D, 40, 40T, 42T, 57UL, DT1 y U1). 

Durante mis primeros viajes a Estambul, sólo pude ver el barrio de Ortaköy desde el Bosforo. Aparte de no tener tiempo, su famosa mezquita estaba en obras, llena de andamios y lonas, por lo que decidí posponer mi visita.

En diciembre de 2017, la mezquita ya estaba restaurada y abierta. El 25 de diciembre, por la tarde, antes de que se pusiera el sol, cogí uno de los muchos autobuses desde la zona de Fındıklı, un poco al sur de Dolmabahçe. Llegué a Ortaköy en unos 20 minutos.

Es un lugar con muchísima gente y muchísimos visitantes. El tráfico que pasa por la calle principal es muy denso, incluso a veces agobiante. En esta calle hay una pequeña iglesia griega ortodoxa, la de San Focas, que sólo abre a las horas de las celebraciones. Al otro lado de la calle, a unos metros, se encuentra un antiguo hamam, que fue construido por el gran arquitecto Sinan en el siglo XVI para un tal Hüsrev Kethuda; de ahí su nombre: Hüsrev Kethuda Hamamı. Sé que, aparte del hamam, hay también un café dentro. Tanto la iglesia como el hamam estaban cerrados. 

Hay también una bonita calle que lleva desde la calle principal hasta el mar. Está llena de puestos callejeros para comer, para comprar souvenirs, cafés, etc.

Pero lo mejor de todo, lo que atrae a tanta gente, son la mezquita al borde del mar y las maravillosas vistas desde el mirador junto al Bosforo. Contemplar el Estrecho, la parte asiática y Estambul desde allí, durante la puesta del sol, es un privilegio. 

Entré en la mezquita. Fue construida en un estilo bastante barroco en el siglo XIX por el arquitecto del Palacio y de la Mezquita de Dolmabahçe. 

No es muy grande en comparación con otras, pero tiene grandes ventanales desde los que se vislumbra el Bósforo; las paredes son de colores muy vivos y con algunas partes en mármol rosa; y además tiene varias arañas que cuelgan del techo. Es una mezquita muy acogedora.

Anduve junto al Bosforo un rato pero enseguida se hizo de noche y cogí un autobús de vuelta. Era hora punta y había coches y autobuses por todos los lados. Uno de los atascos nos tuvo parados durante más de 15 minutos. Llegaría a Eminönü una hora después más o menos.

El 23 de diciembre de 2018, un año después, volví otra vez a Ortaköy porque la vez anterior se me había acabado la batería de mi cámara fotográfica y no pude hacer ninguna foto. Esta vez visité este barrio al final de la mañana. Seguí más o menos el mismo recorrido que el año anterior e hice unas cuantas fotos a pesar de estar bastante nublado y de la lluvia. También aproveché para comer en un restaurante. 

Después de la comida, cogí un autobús hasta Kabataş y de allí el tranvía T1 hasta la parada de Sultanahmet.

Mi segunda vez en Ortaköy fue el 6 de marzo de 2020, por la tarde. Me apetecía sentarme en un banco y estar un rato contemplando el Bósforo. Bajé por la calle principal, la que llega hasta el mar, pero había tanta gente esperando la puesta del sol que decidí entrar un momento en la Mezquita. Tras salir de allí anduve unos metros hacia la izquierda y llegué a otra zona junto al mar desde la que se tenía una vista todavía mejor, ya que se podía ver, aparte del Bósforo y Asia, la península de Estambul a lo lejos. 

Vi un pequeño hueco en la esquina de un banco. Las personas que había sentadas allí me hicieron sitio y me animaron a que también me sentara con ellos. 

Fue una puesta de sol memorable. Pude ver un barco de lejos que se iba acercando y que acabó parando muy cerca.

Tras la puesta de sol vi que había un puesto en donde vendían salep, una bebida típicamente turca, propia del invierno y de días fríos. El salep es un tubérculo con el que se hace una harina que se mezcla con leche, azúcar y canela. Desde que lo probé hace ya un tiempo me enamoró su sabor y, siempre que viajo a Estambul no me lo pierdo. En invierno lo sirven en pastelerías. 

La vuelta de Ortaköy hasta Kabataş fue tan complicada y estresante como siempre. Había montones de personas en la parada de autobús, los autobuses estaban tan llenos que no paraban, etc. Finalmente conseguí entrar en uno pero no nos podíamos ni mover. Bajé en Kabataş y allí cogí el tranvía T1 hasta mi hotel.