HOTEL SULTANAHMET FOUR SEASONS

El Hotel Sultanahmet Four Seasons está a mitad de camino entre Santa Sofía y la Mezquita Azul, a unos pocos minutos andando de las dos, en una calle que baja desde el Hamam Ayasofia Hürrem Sultan llamada Tevkifhane Sokağı.

El edificio fue construido entre 1918 y 1919 para albergar la Cárcel de Sultanahmet. Es de estilo Neoclásico Turco (también llamado Renacimiento Arquitectónico Nacional o Primer Movimiento Arquitectónico Nacional)el estilo más popular en Turquía durante el periodo comprendido entre 1908 y 1930. Allí fueron encarcelados muchos intelectuales y disidentes políticos turcos. Fue cerrada en 1969, pero sería abierta más adelante como prisión militar hasta su clausura definitiva en 1986. Durante varios años estuvo abandonada hasta que, en 1992, fue convertida en un hotel de lujo, el actual Hotel Sultanahmet Four Seasons.

Estuve allí el 6 de marzo de 2020, a primera hora de la tarde.

Mi objetivo fundamental al visitarlo era subir a una azotea con vistas muy buenas de Santa Sofia. Pero no pudo ser. Ese día había bastante viento y la dirección del hotel había tomado la decisión de cerrar la azotea. No obstante, en recepción me permitieron entrar en el hotel, disfrutar de sus salas y de la luz que entraba por sus grandes ventanales, deambular por los largos y amplios pasillos y, sobre todo, salir al patio interior, antiguo patio de la cárcel con sus torres de vigía. En este último hay plantas y flores de todo tipo, y un precioso velador para refugiarse del calor. Todo en este hotel es exquisito; se cuidan hasta los menores detalles. Y el personal es extraordinariamente amable.

En tiempos bizantinos, bajo lo que es hoy este hotel, estuvo muy probablemente situada la Puerta de Chalke, la entrada principal al Gran Palacio Imperial. Además, debajo del hotel, del Palatium Café y de varios edificios de la zona, se encontraría posiblemente el recinto del Senado, la Magnaura, un edificio de carácter ceremonial en cuya Sala del Trono el emperador recibía a embajadores y a mandatarios extranjeros. 

Quedan varios testimonios de viajeros medievales que describieron la experiencia única de ser invitados a las legendarias recepciones en la Sala del Trono del Palacio de Magnaura. Todo el ceremonial tenía como objeto dejar claro a todos los asistentes que estaban en presencia del representante de Dios en la Tierra, el Igual de los Apóstoles. Todo era pompa y boato. Se cuidaba hasta el más mínimo detalle. El emperador vestía deslumbrantes vestiduras bordadas en oro y plata, llevaba sobre su cabeza una corona con numerosas y valiosas piedras preciosas engarzadas, y mostraba y hacía uso de todos sus atributos imperiales; además recibía a sus invitados sentado en un trono que subía y bajaba, había alrededor de él arboles, pájaros piando y leones rugientes, todo ello artilugios mecánicos que daban la impresión de ser árboles, pájaros y leones auténticos. Y el efecto era generalmente el deseado, porque nadie en aquellos tiempos había contemplado nada igual.

Por supuesto, hace siglos que todo esto desapareció. Sin embargo, quedan ruinas y subestructuras que han sido excavadas en algún momento en el solar del actual Hotel Sultanahmet Four Seasons y en otros lugares cercanos. Por desgracia, desde hace años, en este hotel las excavaciones están totalmente paralizadas, lo cual ha llevado a problemas entre el hotel, el Museo Arqueológico, el Ayuntamiento de Estambul y la compañía constructora. La realidad, hoy en día, es que ni hay excavaciones, ni el público puede acceder a ellas. 

Volví al hotel al día siguiente, el sábado 7 de marzo, al final de la tarde, ya de noche, porque me habían comentado allí que algunos sábados por la noche había músicos que cantaban y tocaban música típica turca. La realidad fue que había poca gente y nadie tocaba nada. Pregunté y me dijeron que quizás hubiera algo más tarde. Permanecí un rato pero decidí que era ya algo tarde y me marché.

En diciembre de 2022 regresé al Hotel Sultanahmet Four Seasons pero, también esta vez, fue imposible acceder a la azotea.

Finalmente, el sábado 16 de agosto de 2025, por la tarde, conseguí mi objetivo. Tuve que pasar por el patio central y por varios pasillos hasta alcanzar la famosa azotea. Había unas cuantas mesas con sillas y sofás corridos para sentarse, todo ello lujosísimo; desde allí se veía Santa Sofia casi enfrente y otros lugares del entorno. Entre Santa Sofia y el hotel había unas türbes o mausoleos otomanos y una zona vallada con muchas excavaciones arqueológicas al aire libre, supongo que de estructuras pertenecientes al Gran Palacio. Permanecí absorto unos minutos contemplando todo a mi alrededor y habría deseado permanecer en este paraíso toda la tarde.

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