Descendiendo la Primera Colina, desde el Hipódromo hasta el Mar del Mármara, se llega a la mezquita llamada Küçük Ayasofya (Pequeña Santa Sofía), al final de la calle Küçük Ayasofya. Originalmente y durante casi mil años este edificio fue una iglesia ortodoxa bizantina denominada Iglesia de los Santos Sergio y Baco. San Sergio y San Baco fueron unos soldados romanos martirizados a comienzos del siglo IV por orden del emperador Maximiano. Posteriormente se convertirían en patrones de los soldados cristianos dentro del ejército imperial.
Esta mezquita-iglesia está situada al lado de la vía del tren y muy cerca de ella quedan algunos restos de las Murallas del Mármara y las ruinas del Palacio de Bucoleón, que formó parte del Gran Palacio Imperial. A unos pocos metros, tras pasar las vías del tren, se encuentra ya el Mar de Mármara.
Justiniano construyó la Iglesia de San Sergio y San Baco en el año 527 en el recinto del palacio de Hormisdas, donde había vivido antes de convertirse en emperador. Primero edificó la Iglesia de San Pedro y San Pablo en planta basilical, y junto a ésta, poco después, San Sergio y San Baco. Aquí el Papa Vigilio se refugió de Justiniano ante un desacuerdo teológico-político que finalmente conseguirían resolver. Durante el periodo bizantino fue la iglesia de un monasterio. Es una suerte que haya sobrevivido a todos los avatares históricos, a diferencia de San Pedro y San Pablo y del Palacio de Hormisdas, de los que no queda absolutamente nada.
En la época en que se construyó el edificio las iglesias solían tener planta basilical. Sin embargo, en esta iglesia se materializaron grandes innovaciones arquitectónicas que influirían en el futuro del arte bizantino y cristiano en general. San Sergio y San Baco tiene forma de cubo por fuera pero por dentro es un octógono con grandes y pequeños arcos sobre los que se colocó una cúpula. Es una transición y un ensayo muy bien logrado hacia Santa Sofia, la obra maestra del arte bizantino. No es tan deslumbrante como ésta, por supuesto, pero es una auténtica joya que anuncia lo que va a venir. Quizás por eso los turcos la llamaron la Pequeña Santa Sofia. El historiador bizantino Procopio escribió que San Sergio y San Baco estaba cubierta de mosaicos que hacían palidecer al mismo sol, y que estaba adornada con gran abundancia de oro.
Aunque fue convertida en mezquita tras la conquista turca y se le añadió un mihrab y un mimbar bastante acertados, se nota claramente que ha sido una iglesia bizantina en su estructura, por sus columnas, por los capiteles con monogramas de Justiniano y su esposa Teodora, y por las frases talladas en griego sobre la piedra.
La he visitado tres veces.
En diciembre de 2012 fue la primera vez. A la entrada había un señor muy amable que invitaba a los visitantes a ver todo lo que quisieran. Había leído que pedía limosna al salir, pero yo intenté darle algo y no quiso. Era un día muy frío y encapotado y la mezquita estaba iluminada por dentro. Pude subir a la parte de arriba, desde donde vi más claramente el conjunto y también las frases en griego talladas en los arquitrabes que están sobre los capiteles de las columnas.
Volví en diciembre de 2017. Esta vez era un día muy soleado (aunque bastante fresco). Ya no estaba el señor de la puerta y ya no se podía visitar más que una pequeña zona de la parte de arriba. Había un grupo de turistas con un guía turco que les explicaba cosas del lugar. Luego me di cuenta de que, en realidad, no era guía sino que explicaba cosas a la gente para que le dieran algo de dinero. Me lo volvería a encontrar dos veces más ese día y las dos veces me pidió que le diera algo.
Finalmente, regresé a la Pequeña Santa Sofia en marzo de 2020. Era un día totalmente primaveral. Entraba luz por todas las ventanas y no había allí casi nadie, por lo que pude verla con mucha tranquilidad. Esta vez ya no se podía visitar la parte de arriba por lo que, cuando llevaba unos diez minutos, me dispuse a salir. Pero entonces decidí practicar un poco mi turco con la señora de la limpieza; resultó ser una persona encantadora. Cuando ya me despedía de ella, me hizo una señal para que me esperara y me abrió la puerta de una zona de la parte de arriba.


