La Mezquita de Rüstem Paşa está muy cerca de Eminönü y del Bazar Egipcio o de las Especias, en una zona de calles muy estrechas con muchísimas tiendas en donde se vende de todo.
En mi primera visita a Estambul fui a visitarla desde Eminönü. Resultó algo difícil encontrarla porque las calles de alrededor son un poco laberínticas y no se cabía de la cantidad de gente que andaba por allí. Pregunté a un chico joven que estaba en la puerta de una tienda y me explicó cómo se llegaba. Era muy simpático y me pidió que me acordara de él a la vuelta y le comprara algo de lo que vendía.
La mezquita es muy original porque está situada sobre una plataforma que hace que destaque por encima de las edificaciones y tiendas circundantes. Para entrar, se sube por unas escaleras estrechas en una especie de rampa que conducen, como si de las Mil y Una Noches se tratara, a un precioso patio porticado donde reina la paz en medio de la vorágine de la zona. Una vez dentro, uno queda deslumbrado ante tanto azulejo azul y blanco de İznik. Es una de esas joyas escondidas que vale la pena descubrir en Estambul .
Fue mandada construir en el siglo XVI por Rüstem Paşa, gran visir de Süleyman el Magnífico y marido de Mihrimah, la hija favorita del sultán. Rüstem era de origen croata, de familia muy humilde; fue llevado a Constantinopla de niño y convertido a la fuerza al Islam. Su infinita ambición, su gran inteligencia y sus indudables dotes y habilidad política lo conducirían al más alto peldaño del Estado Otomano (sólo por debajo del sultán) que ostentaría hasta su muerte.
Encargó la construcción de esta mezquita al gran Sinan, el mejor arquitecto otomano de todos los tiempos. De hecho se la considera la mezquita más lograda de las mezquitas no imperiales de Sinan.
En mi tercer viaje, en diciembre de 2013, regresé una tarde, cuando ya se metía el sol, tras salir de la pastelería Safa, que está muy cerca. Me quedé un rato allí, sentado, en silencio, disfrutando de esta maravilla. Unos hombres musulmanes empezaron a mirarme; decidí salir porque pensé que quizás deseaban comenzar su oración y no quería molestar.
Las siguientes veces que visité Estambul estaba en obras, con andamios y lonas que cubrían el edificio.
Finalmente, el 24 de diciembre de 2022, por la mañana, conseguí volver a verla. Habían acabado las obras y parecía completamente nueva. Los azulejos relucían y la luz que entraba por ventanas y vidrieras hacía del interior un lugar paradisiaco. No había nadie dentro. Me senté sobre la alfombra azulada y me dediqué a contemplarla un buen rato.
Esta es una de mis mezquitas favoritas y, sin duda, uno de los lugares más bellos de la ciudad.
