La Iglesia de Santa Irene se encuentra en el primer patio del Palacio Topkapi, al lado de las murallas, cerca de Santa Sofía. Santa Irene fue la mayor iglesia de Constantinopla y la primera sede episcopal antes de que se construyera la primera Santa Sofia. Allí se celebró el Concilio Ecuménico de Constantinopla, el II Concilio Ecuménico, en el año 381. Cuando la primera Santa Sofia fue destruida en 404, volvería a convertirse en sede del Patriarcado. Fue incendiada y destruida durante la Revuelta Nika en el año 532 y reconstruida por Justiniano tras sofocar la revuelta. Funcionó durante la mayor parte de la Historia de Bizancio como un apéndice de Santa Sofia, pero su antigüedad y su belleza la convirtieron en un lugar venerable, la segunda iglesia de la ciudad, la Palaia Ekklesia o Iglesia Vieja.
Tras el terremoto del año 740, la iglesia quedó muy dañada. Sería reconstruida unos años después por el emperador Constantino V siguiendo a grandes rasgos el plan de Justiniano. Básicamente, lo que hoy vemos data de esa reconstrucción.
Tras la conquista otomana, los turcos incluyeron a Santa Irene en el recinto del Palacio de Topkapı y la utilizaron como almacén y arsenal militar. Más adelante se utilizaría como museo militar durante buena parte del siglo XX. Sigue siendo una de las grandes iglesias bizantinas a pesar de todos sus avatares históricos.
En mis tres primeros viajes a Estambul nunca pude entrar a pesar de mis esfuerzos y de mis ganas de verla por dentro. Sólo se abría como sala de conciertos o en casos muy especiales.
Finalmente, el 6 de enero de 2014 la abrieron al público, dos semanas después de mi tercer viaje a Estambul.
En diciembre de 2017 volví por cuarta vez a la ciudad y finalmente pude acceder al interior del edificio.
Muy poco queda de su decoración original. Hoy en día todo está vacío. Sin embargo, uno puede todavía imaginarse lo que podría haber sido en su apogeo, con altares maravillosos, cálices, patenas y copones de oro y plata, muebles de maderas preciosas y ricos mosaicos.
La cúpula del ábside está cubierta por un mosaico con teselas de oro y plata con una cruz de bordes negros en el centro, elemento característico del periodo iconoclasta (del año 717 al 787 y del 815 al 843). Uno de los mayores representantes de esta herejía fue Constantino V, el emperador que reconstruyó la iglesia. A él se debe el mosaico y la cruz.Apoyándose en mandatos del Antiguo Testamento, varios emperadores bizantinos concluyeron que el uso de imágenes religiosas era idolatría. Para ellos era evidente que Dios había rechazado a los bizantinos a través de continuas derrotas a manos de los árabes. Creían que había favorecido a los árabes porque éstos no toleraban el uso de imágenes en el Islam, mientras que en el Imperio Bizantino había iconos de Jesús, de María y de los santos por todas partes. En consecuencia, estos emperadores, llamados iconoclastas (los destructores de imágenes), prohibieron o rechazaron el uso de cualquier representación figurativa religiosa hasta que, en el II Concilio de Nicea (año 787) y definitivamente en el año 843, los iconódulos, los defensores de las imágenes, consiguieron ganar la partida a los iconoclastas.
En la parte baja del ábside hay una zona de bancos semicirculares llamada synthronon. Quizás aquí los principales actores del II Concilio Ecuménico se sentarían, discutirían y escucharían a algún obispo, al Patriarca o incluso al Emperador. Aquí se tratarían sutilezas teológicas o se condenaría alguna herejía. El synthronon de Santa Irene es el único que queda en Estambul.
Toda la belleza del lugar quedaba algo mermada por la gran tela que han colocado encima de la nave central. Creo que su objetivo es que las palomas que entran sin parar por las ventanas rotas de la parte superior hagan sus necesidades allí.
Pude ver también el atrio, a los pies de la iglesia, a través de un cristal, ya que no se puede entrar. Contenía un sarcófago de pórfido perteneciente a algún emperador bizantino de los primeros siglos. En realidad el atrio es más interesante por fuera que por dentro ya que por dentro fue casi completamente modificado por los turcos otomanos después de la conquista, y no tiene punto de comparación con el resto del conjunto.
Regresé a Santa Irene en marzo de 2020 y, aunque se podía visitar, estaba casi todo en obras y se veía muy poco. En diciembre de 2022 y de 2023 me dijeron en la taquilla, tanto una vez como la otra, que las obras seguían más o menos igual que siempre. Por lo tanto sólo la vi por fuera.
Volví a entrar brevemente en junio de 2024, pero sigue en obras, con la horrible tela que cubre la nave central.
Esperemos que acaben pronto estas interminables obras, y esperemos también que este lugar que nunca fue convertido en mezquita, siga siendo un museo y no corra la suerte de Santa Sofia y de San Salvador en Chora, que han pasado de ser museos a mezquitas.
Al igual que el Palacio de Topkapı, Santa Irene cierra los martes.
Junto a la Iglesia de Santa Irene, entre Santa Sofia y ésta, se encuentran unas ruinas del que fue posiblemente el Hospital de Sampson, una de las instituciones benéficas más importantes de la época bizantina. Estaba dedicado a Sampson, un médico que curaba gratis a la gente necesitada.
El primer Hospital de Sampson fue destruido durante la Revuelta Nika en 532 pero sería reconstruido posteriormente por el emperador Justiniano, al igual que Santa Sofia y Santa Irene.

