En la cumbre de la Cuarta Colina se yergue la mezquita imperial más antigua de Estambul, la Mezquita de Fatih Mehmet. Su situación privilegiada la convierte en uno de los puntos de referencia del horizonte de Estambul. Es enorme e imponente, como si fuera una fortaleza. Tiene muchas ventanas que la hacen muy luminosa por dentro, aunque la decoración es más sencilla de lo que uno podría esperar si se la compara con el exterior y con otras mezquitas imperiales.
Antes de que se construyera esta mezquita, en este mismo lugar se encontraba la Iglesia de los Santos Apóstoles, la iglesia más grande e importante de Constantinopla después de Santa Sofía. Estaba situada al lado de un ramal de la Mese, la calle principal de la ciudad bizantina.
Fue levantada por el emperador Constantino el Grande y acabada por su hijo Constancio II en el siglo IV. Constantino fue enterrado en el mausoleo circular anexo. Este mausoleo y el de al lado, construido posteriormente por el emperador Justiniano I, albergaron hasta el siglo XI las tumbas y los restos de la mayoría de los emperadores, emperatrices, hijos e hijas de éstos e incluso de algunos patriarcas. Varios de estos sarcófagos de mármol, pórfido, etc. se pueden ver actualmente en los jardines del Museo Arqueológico, de Santa Sofía y en algún otro sitio más, aunque, con excepciones muy puntuales, no se sabe con certeza a quién pertenecieron.
En el siglo VI, Justiniano mandó a los arquitectos de Santa Sofía que reconstruyeran la iglesia. El nuevo edificio tenía planta de cruz griega y cinco cúpulas, una de ellas en el centro y con ventanas en la base, como Santa Sofía. Hay testimonios escritos de su gran belleza y riqueza. Además era un centro de peregrinación porque albergaba reliquias de varios apóstoles y santos.
Se cree que los constructores de la Basílica de San Marco en Venecia tomaron como modelo esta iglesia y que las dos eran bastante similares. También parece ser que la Basílica de San Juan de Éfeso tenía bastantes similitudes con los Santos Apóstoles.
A finales del siglo XII, el Imperio Bizantino estaba en bancarrota. Para solucionar o aliviar esta difícil situación, el emperador Alejo III Angelos decidió que el Estado se apoderara de las riquezas acumuladas durante siglos en las tumbas imperiales de la Iglesia de los Santos Apóstoles y conseguir así un respiro económico, político y social. Lo logró sólo parcialmente.
Pocos años después, en 1204, durante la IV Cruzada, los cruzados conquistaron la ciudad, saqueándola y destruyéndola en buena parte. Desde entonces y, hasta que fueron expulsados por los bizantinos en 1261, expoliaron todo lo que encontraron de valor. La devastación fue tal que la Constantinopla bizantina nunca se recuperaría de este golpe. En los Santos Apóstoles robaron todas las riquezas y todas las reliquias que encontraron, y las tumbas imperiales fueron profanadas de nuevo.
Desde la Reconquista de Constantinopla en 1261 por los bizantinos hasta la conquista por los turcos en 1453, esta iglesia sólo sería una sombra de lo que había sido.
Cuando Mehmet II conquistó la ciudad, decidió entregar esta iglesia al Patriarca Genadio II para que la convirtiera en sede del Patriarcado Ecuménico y de la Comunidad ortodoxa griega. Sin embargo, al poco tiempo, Genadio decidió trasladarse a la Iglesia de Pammakaristos, en el barrio del Fener, debido a que los Santos Apóstoles amenazaba ruina, y también por la hostilidad de los turcos que vivían en esa zona. Tras ello, el sultán mandó demolerla y construir en su lugar una mezquita que pudiera ser comparable a Santa Sofía. Eligió como arquitecto a Atik Sinan (o Sinan el Viejo), un arquitecto de origen griego. Poco después de terminarla, Atik Sinan sería ejecutado por el sultán, probablemente porque, como era de esperar, no pudo igualar ni superar a Santa Sofía. Aun así, por los testimonios que quedan de la época, debió de ser deslumbrante.
La mezquita actual no es la que construyó Mehmet II, ya que un terremoto en el siglo XVIII la derribó y, aunque sobrevivieron partes (el mihrab, por ejemplo), hubo que reconstruirla de nuevo. La actual tiene elementos barrocos y otros son copia de otras mezquitas clásicas. Según los expertos, es de calidad bastante inferior a la que tuvo la mezquita original.
Mi primera visita tuvo lugar en diciembre de 2012, el día de mi regreso a España. Fue una visita muy rápida pero, desde que salí, deseé volver.
En marzo de 2013 regresé de nuevo. Esta vez al anochecer. Por supuesto, me aseguré de no tener ninguna prisa.
Entré en la mezquita cuando acababan de terminar la oración. No estuve mucho tiempo dentro. Sin embargo, anduve por el patio y por los alrededores un buen rato, contemplando las cúpulas y los minaretes, las luces de la mezquita y las de la ciudad, las vistas desde allí y la gente entrando y saliendo.
El 25 de diciembre de 2017, por la tarde, volvería otra vez. Posteriormente volví el 28 de diciembre de 2022 y el 22 de diciembre de 2023, los dos días por la mañana. De esta mezquita me gusta mucho su interior y exterior, y también su situación en la cumbre de la Cuarta Colina y algunas de sus vistas.
Así como el emperador Constantino eligió este lugar para ser enterrado, el sultán Mehmet II ordenó que lo enterraran también aquí, en una türbe o mausoleo que se encuentra en el punto en el que estaría probablemente el mausoleo donde descansó Constantino durante más de mil años. Los sultanes otomanos, una vez reconocidos como tales, visitaban la tumba de Mehmet II como una especie de talismán que les diera algo del poder de este sultán.
Enfrente de la türbe de Mehmet se encuentra la de Gülbahar, su esposa favorita y madre del sucesor de Mehmet, Beyazıt II. Hay también otras tumbas menos importantes y más pequeñas junto a éstas. Todo ello forma parte de un pequeño cementerio.
En diciembre de 2012 llevaba mucha prisa y no me dio tiempo de comprobar si las dos türbes principales estaban abiertas. Sin embargo, ni en marzo de 2013 ni en diciembre de 2017 las encontré abiertas. Esta última vez me informaron de que cierran los lunes. Entonces me di cuenta de que las dos veces que había ido a visitarlas era lunes.
Finalmente el 28 de diciembre de 2022, miércoles, por la mañana conseguí entrar en las dos.
Primero estuve en la türbe de Mehmet II, probablemente lo más interesante del complejo. Aunque fue destruida por el terremoto del siglo XVIII sus estructuras permanecieron. Fue reconstruida en estilo Imperio pero es, a la vez, muy barroca, especialmente en el interior. El porche de la entrada es ondulado.
Después visité la türbe de Gülbahar, de estilo clásico y con una decoración muy austera por fuera y por dentro. Parece ser que, después del terremoto ya mencionado, fue reconstruida de forma muy similar a la anterior türbe.
El 22 de diciembre de 2023 volvería de nuevo a ver todo el complejo. Aproveché para pasearme por el cementerio pero sin entrar a ninguno de los mausoleos.




