TEKFUR SARAYI O PALACIO DE CONSTANTINO PORFIROGENETA

Muy cerca de la Puerta de Edirne, siguiendo hacia el norte por la parte interior de las Murallas Terrestres, se llega enseguida al Tekfur Sarayı Palacio de Constantino Porfirogeneta, el resto más reconocible del legendario complejo del Palacio Imperial de las Blaquernas.

Se encuentra justo en el punto donde acaban las Murallas de Teodosio II y comienzan las de las Blaquernas, y a unos 5 minutos andando desde Kariye Camii (San Salvador de Chora), en el barrio de Ayvansaray. Tiene delante un pequeño parque llamado Teknü Saray Parkı. En el descampado que hay justo al otro lado de las murallas hay, a veces, un mercadillo o muchísimos coches y autobuses aparcados. 

Los emperadores de la dinastía de los Comneno (1081-1185) decidieron abandonar el Gran Palacio Imperial, o al menos las zonas más antiguas, y establecerse en el Palacio de las Blaquernas, en la esquina más al norte de la ciudad, junto a las murallas. Las Blaquernas estaba formado por varios palacios, varias capillas, una iglesia y jardines situados en la cumbre de la sexta colina, la parte más alta de Constantinopla. Desde allí se podía controlar muy bien qué ejército se colocaba delante de las Murallas Terrestres y qué ocurría dentro de la ciudad. Todos aquellos occidentales que visitaron esta fortaleza imperial quedaron perplejos ante tanta maravilla y tanto lujo. Esto, sin duda, acrecentó el deseo y la ambición de francos, normandos, venecianos y cruzados de saquear y conquistar esta ciudad, lo cual conseguirían en 1204 durante la Cuarta Cruzada. En 1261, los bizantinos reconquistarían Constantinopla, pero lo que se encontraron al entrar no era ni sombra de lo que había sido anteriormente. Hasta 1204, ésta había sido la ciudad más poblada y más rica de Europa (con diferencia), y una de las grandes metrópolis del mundo. Después de 1204, no sería más que una enorme fortaleza, dentro de la cual había una serie de pueblos rodeados de campos y de ruinas.  Solamente las iglesias y los palacios se restauraban, y con grandes dificultades. Los siglos XIV y XV serían un periodo de enorme decadencia económica y poblacional.

El Palacio de Constantino Porfirogeneta fue construido probablemente a finales del siglo XIII. Se le llama así porque pudo ser el palacio de un hijo del emperador Miguel VIII llamado Constantino. Hay textos que indican que este edificio fue probablemente la residencia imperial durante la última fase del Imperio Bizantino.

Los turcos también tenían la idea de que el Palacio Imperial de las Blaquernas contenía cantidades inmensas de oro y tesoros de fábula. Cuando en 1453 consiguieron entrar en Constantinopla, uno de sus primeros objetivos fue llegar allí y apoderarse de todas sus riquezas. Probablemente se llevaron una gran desilusión, no sólo con el palacio sino con el resto de la ciudad. Aun así, saquearon salvajemente el Palacio de Constantino Porfirogeneta y lo dejaron en las paredes.

Tras la conquista otomana, al Palacio de Constantino Porfirogeneta se le denominó Tekfur Sarayı. Desde entonces ha pasado por muchas vicisitudes y es casi un milagro que no haya desaparecido del todo. 

Hace unos años sufrió una gran restauración que duró bastante tiempo. De hecho, cada vez que viajaba yo a Estambul (en 2012 y 2013) intentaba verlo, pero siempre lo encontraba lleno de lonas y andamios, o bien se podía ver por fuera pero no por dentro. 

En diciembre de 2017 llegué allí cuando se ponía el sol y no pude ver casi nada porque estaba ya bastante oscuro. 

Finalmente, en marzo de 2020 pude visitarlo tanto por fuera como por dentro. Primero hay que dar la vuelta al edificio por el este, tras andar al lado de las Murallas de Teodosio II. Tiene tres pisos. En el más alto hay un pequeño matacán de piedra. Se tuerce a la izquierda, y se entra por el norte, por la calle Şişhane Caddesi. 

Era bastante pronto por la mañana y creo que fui la primera persona en entrar al nuevo palacio-museo. Hay un control a la entrada y se pasa por un arco que conduce a un patio amplio. A la izquierda se encuentra Tekfur Sarayı.

El edificio tiene cuatro columnas en la planta baja y cuatro arcos de entrada. Todo el edificio está construido con las franjas de ladrillo y piedra que caracterizan la arquitectura bizantina. En los pisos superiores hay muchas ventanas cuadradas que me recuerdan las de algunos castillos franceses del Renacimiento. Vale la pena una visita aunque sólo sea por su calidad artística y por su pasado histórico.

Tenía muchas ganas de entrar. Antes de su restauración no había absolutamente nada dentro (ni siquiera suelo)He visto fotos antiguas de Tekfur Sarayı y no quedaban más que las paredes exteriores. Y nadie sabe muy bien qué aspecto habría tenido el interior del antiguo palacio. Lo único que me imaginaba era que sería un museo que estaría a tono con el exterior y con su propia historia.
 
Sin embargo, por dentro es únicamente un museo de la cerámica. Todo es prácticamente nuevo y, a excepción de un mihrab de azulejos y algún que otro objeto de cerámica esmaltada, es un museo que no tiene demasiado que ver, a no ser que se esté verdaderamente interesado en la cerámica. Se han puesto suelos de madera y hay mucho audiovisual. En cuanto a esto último, lo más interesante es un gran cubo sobre el que se proyectan diferentes tipos de azulejos.

Se ha focalizado en la cerámica porque, durante más o menos un siglo, hubo aquí un taller en el que se fabricaba cerámica del estilo de la de Iznik. Pero, aparte de esto, desde la conquista turca, el edificio ha sido también un lugar para guardar animales salvajes, un burdel, una fábrica de botellas, etc. 

En mi opinión, habría sido un museo mucho más atractivo si se hubiera dedicado a explicar y mostrara sus diferentes etapas históricas y sus muchos avatares, desde Palacio Imperial de las Blaquernas hasta el museo actual.

Intenté volver a verlo por fuera en diciembre de 2023, pero comenzó a llover torrencialmente algo antes de llegar, y sólo pude vislumbrarlo desde lejos y hacer una fotografía.