Para llegar a la Mezquita de Selim hay que andar por la Avenida Abdülezelpasha (la que bordea el Cuerno de Oro) y siguiendo por ella hacia el norte de Aya Kapı, se gira por la segunda calle a la izquierda, por la calle Miralam Nazim Bey, una calle muy larga que pronto cambia de nombre y se convierte en la calle Haliç. La Mezquita del Sultan Selim I, la Selimiye Camii, corona la cumbre de la quinta colina. Las calles que conducen a ella son empinadas y algo laberínticas.
Estoy seguro de que no había en esta mezquita más extranjero que yo. De todos los patios de mezquitas de Estambul éste es uno de los que más me gustó. Es parecido al de la Mezquita de Suleyman pero no tan grande. La mezquita por dentro tiene una cúpula enorme que se apoya sobre cuatro grandes muros, lo que da una impresión de mucho espacio. Hay poca decoración en general pero es una mezquita muy interesante.
En la parte de fuera hay un jardín muy bien cuidado que termina en un mirador de los mejores que vi en todo Estambul. Desde allí se puede ver el Cuerno de Oro y el barrio de Galata. Me senté un rato contemplando la vista y, al mirar a mi derecha, me di cuenta de que en los demás bancos no había más que mujeres musulmanas vestidas totalmente de negro desde la cabeza a los pies.
Después de dar la vuelta al edificio, entré brevemente en la türbe de Selim I, uno de los sultanes más guerreros y sanguinarios de toda la dinastía otomana. Vi también por fuera las türbes de los hijos de Suleyman el Magnífico y la del sultan Abdulmecit, del siglo XIX. Pero lo que más me gustó fue la vista desde esta última tumba; por detrás de unos tejados destacan los grandes edificios de la ciudad: la Mezquita de Suleyman, Santa Sofía, Santa Irene y, muy a lo lejos, el Palacio de Topkapı. Sólo por esta vista valió la pena haber llegado hasta aquí.