MEZQUITA DE EYÜP *

La Mezquita de Eyüp es uno de los grandes centros de peregrinación del Islam y el más popular de toda Turquía. Es un poco como Santiago de Compostela en España pero en Turquía y para musulmanes. Se cree que Ayyub (Eyüp), amigo y portaestandarte del Profeta Mahoma, murió en este lugar durante el primer gran asedio de la ciudad por los árabes en la segunda mitad del siglo VII. Parece ser que fue enterrado debajo de esta mezquita y que, según una popular leyenda, aquí fue redescubierto poco después de la conquista de Constantinopla por los turcos en 1453.

Antes de la conquista de la ciudad, esta zona era llamada Kosmidion por los bizantinos, ya que hubo aquí un monasterio dedicado a los Santos Cosme y Damián desde alrededor del siglo VI. Era un sitio muy popular porque estos santos tenían fama de hacer milagros. Fue destruido por los avaros en el asedio del año 626 pero se reconstruiría después y aguantaría más o menos hasta la conquista turca.

A los pocos años de haber entrado en Constantinopla, el sultán Mehmet II mandó erigir un gran Complejo que consistía en la mezquita y el mausoleo de Eyüp, una madrasa, un caravanserai o han, un hamam y un imaret o cocina para pobres. En el siglo XVIII, Ahmet III mandó levantar los minaretes, que es lo único que queda del edificio antiguo. Y, a mitad de ese siglo, un seísmo destruyó la mayor parte del Complejo, que sería reconstruido parcialmente entre finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.

Uno de los momentos álgidos de la ceremonia de coronación de un sultán turco otomano tenía lugar en esta mezquita. Aquí el nuevo sultán recibía la Espada de Osman como señal de que era el heredero de Osman, el fundador de la dinastía otomana, y de que era un guerrero. 


En mi segundo viaje a Estambul, el domingo 3 de marzo de 2013, tras visitar el Fener y la Mezquita de Selim, fui a la avenida Abdülezelpasha, la que bordea el Cuerno de Oro. En la parada del Fener cogí el autobús 99A para ir hasta Eyüp. En menos de 10 minutos llegué a la parada llamada Eyüp Iskelesi Duragi. Crucé la carretera y seguí a la gente, porque casi todo el mundo iba al mismo sitio. Tuve que andar unos diez minutos hasta llegar. 

Se nota que es una zona muy popular porque hay tiendas a lo largo de todo el recorrido. Vi una pastelería pequeña en la cual vendían baklavas, los dulces que tanto me gustan. Había un vendedor muy joven que me pedía mucho por cada baklava, seguramente porque me vio extranjero. Así que decidí ir a comer baklavas a otro sitio más barato. 

En la plaza de la mezquita había muchísima gente, y también dentro de la mezquita. 

Se accede al patio
de la mezquita (avlu, en turco) por una puerta lateral. La cola para entrar era bastante larga pero todo discurrió con bastante fluidez. Es un patio muy original y de los más bonitos que he visitado. Tiene un precioso porche con columnas muy esbeltas por tres lados. Enfrente de la puerta de acceso al interior de la mezquita hay un platanero enorme rodeado de una valla. La gente lo toca; supongo que será algo religioso o dará buena suerte. Detrás del platanero había unas grandes lonas que tapaban la mayor parte de la pared del santuario y tumba de Eyüp, todo ello en proceso de restauración, tanto por fuera como por dentro. Junto a las lonas había otra cola, larguísima, que conducía a la tumba de Eyüp. No entré porque pensé que sería mejor esperar a que las obras hubieran terminado.

La mezquita en sí está formada por una cúpula octogonal apoyada en unos cuantos arcos, todo ello dentro de una planta de forma cuadrada. Tiene una decoración algo barroca y de colores muy alegres por dentro. Hay muchísimas ventanas que iluminan todo el interior. La cúpula me recordaba algo a la de Santa Sofía, con sus pequeñas ventanas en la base.


Alrededor del Complejo hay unas cuantas türbes (mausoleos) de personajes famosos de la época otomana y, un poco más al norte, en las laderas de la colina, se puede ver un enorme cementerio con cientos y cientos de tumbas en terrazas.


En mi tercer viaje, el 23 de diciembre de 2013, regresé a Eyüp por la tarde. Recordaba este lugar lleno de gente pero esta vez, probablemente por ser lunes, no había colas ni aglomeraciones. 

Como había visitado anteriormente el interior de la mezquita, ya no entré. Me dirigí directamente a la pequeña puerta acristalada con una reja dorada que hay hacia la mitad del largo muro todavía cubierto de lonas por las obras. Aunque no se podía entrar, al menos
 se podía vislumbrar la tumba a través del cristal. Había unos cuantos hombres y mujeres allí, rezando devotamente y hablando. Permanecí unos minutos en silencio y salí del recinto enseguida.


El 8 de marzo de 2020 volví a visitar este lugar por la mañana. Era domingo y había bastante gente. Mi sorpresa fue grande al descubrir que las obras del Santuario y la Tumba de Eyüp estaban terminadas y que ya no había lonas. En su lugar había un muro lleno de preciosos azulejos multicolores con diferentes patrones, una bandera de Turquía y una gran puerta enrejada a través de la cual se veía desfilar a innumerables visitantes y peregrinos en el interior de la tumba de Eyüp. 

Salí del patio y, a la derecha, me uní a la cola de gente que esperaba para acceder al interior. 
Afortunadamente no tuve que esperar demasiado. Todo el mundo se descalzaba y metía los zapatos en bolsas de plástico. Dentro estaba todo abarrotado. Recuerdo que unos hombres un poco rudos me empujaban por detrás, seguramente porque tenían prisa por ver la tumba. Había también unos guardias de seguridad, a los cuales pedí permiso para hacer fotos y me dijeron que sí.

Todas las paredes están cubiertas de maravillosos azulejos rojos, azules, verdes y blancos de Iznik. A mitad del recorrido, a la izquierda, hay una hornacina con un arco enfrente y otros dos arcos a los lados en la pared. Detrás del arco de enfrente está la tumba de Eyüp, que está protegida por una verja de plata o plateada.
 
Aparte de la tumba de Eyüp, este lugar es también sagrado para los musulmanes porque contiene algunos objetos que pertenecieron al Profeta. 

Así como la entrada había sido muy sencilla, la salida fue muy estresante.  Hubo que calzarse a toda velocidad porque había gente que empujaba y apremiaba para que nos calzáramos rápidamente. Me acompañaba una mujer muy mayor que no podía ir tan deprisa; tuve que echarle una mano porque si no, la habrían arrollado.

Salí de allí lo antes que pude y me dirigí al funicular de Piyerloti, que aún fue más estresante que la tumba de Eyüp.



El 27 de diciembre de 2022, martes, volví de nuevo a Eyüp pero sólo permanecí unos minutos en la plaza, porque preferí dedicar mi tiempo a investigar un poco los alrededores. En cambio, el 13 de junio de 2024, jueves, por la tarde, entré de nuevo en la mezquita.


Finalmente, el 16 de agosto de 2025, sábado, regresé al Complejo por la mañana. Era un día soleado y veraniego, muy apropiado para visitar este lugar porque, aunque había gente, no era en absoluto agobiante.

Esta vez iba con más tiempo y permanecí un buen rato contemplando la mezquita por dentro. Es uno de esos sitios que, cuanto más lo visito más me gusta. También entré en la tumba de Eyüp; no había ni la mitad de gente que en 2020 y todo transcurrió sin problemas.

Había leído que los niños de Estambul vienen a este lugar con su traje de fiesta el día de su circuncisión (sünnet, en turco). Pude comprobarlo esta vez porque había unos cuantos por el patio con unos trajes muy llamativos y una especie de corona en la cabeza.