TORRE DE GALATA *

La 
Torre de Galata se encuentra en el barrio de Galata o  Karaköy. Fue construida por los genoveses, cuando Galata era la colonia genovesa de Pera.

Al estar en la parte más alta de la antigua Galata se llega a ella subiendo por una escalinata o por calles bastante empinadas. Poco a poco se va vislumbrando a lo lejos, en lo alto de la colina, la gran mole de la torre con su tejado de forma cónica. 

Si no apetece andar tanto o subir escaleras, lo mejor es coger el funicular llamado Tünel que sube desde Karaköy, al lado del Puente de Galata, a Beyoğlu, la parte alta de la colina. De esta última parada se baja andando por la calle Galip Dede Caddesi y en unos minutos se alcanza la torre.

La primera vez que viajé a Estambul, la tarde del 23 de diciembre de 2012, tuve la gran suerte de que había sólo una pequeña cola y no tuve que permanecer mucho rato antes de entrar al edificio. Una vez dentro, pagué el billete y subí en un ascensor hasta la octava planta. Allí había un restaurante muy lujoso con una puerta que conducía a un balcón que daba la vuelta a la torre. Las vistas desde allí eran increíbles, a todos los lados, pero especialmente en dirección a la ciudad antigua. Era el atardecer y, a pesar de que estaba nublado, fue una experiencia única

Me quedé con ganas de volver. Sin embargo, las veces posteriores, siempre que iba allí,  había invariablemente largas colas que daban la vuelta completa a la torre, e incluso continuaban más allá.

Finalmente, la mañana del 23 de diciembre de 2023, justo 11 años después, al llegar a la torre antes de la hora de apertura a las 8:30 a.m., fui el primer visitante en la cola; detrás de mí se colocaron enseguida dos turistas orientales con los que estuve hablando un poco. Exactamente a las 8:30 se abrieron las puertas. 

Al igual que en 2012, primero compré el billete y luego subí en ascensor hasta la séptima planta; el balcón de la octava planta estaba cerrado por obras y sólo se podían ver las vistas de la ciudad a través de los grandes ventanales de la séptima planta. Las vistas eran por supuesto estupendas pero me llamó la atención lo sucios que estaban los cristales por fuera (de hecho algunas de mis fotos salieron con manchas) y sobre todo el poco interés del guardia de seguridad; le pregunté una cosa y me contestó sin levantar la vista de su móvil. Tampoco el resto del personal era excesivamente amable, lo cual me sorprendió mucho porque, en Turquía, el trato es casi siempre exquisito.

Tras terminar mi visita, bajé andando porque, de la segunda a la sexta planta, hay un pequeño museo. En cada piso se pueden ver objetos y explicaciones relacionados con la historia de Estambul.

Las vistas desde lo alto de la torre son sin duda un imprescindible en cualquier visita a Estambul, incluso sin poder salir a la terraza de la octava planta. Creo, sin embargo, que el museo es totalmente prescindible.

En junio de 2024 y agosto de 2025 ya no volví a subir a la Torre de Galata. Las dos veces pasé al lado pero sin subir. En 2025 me fijé que había gente en el balcón de la octava planta. Es decir, ya han terminado las obras y ya se puede salir otra vez al balcón y contemplar las incomparables vistas de Estambul.