Poco antes de llegar al palacio se pasa al lado de la Mezquita de Dolmabahçe y, a unos metros más hacia el norte, una verja blanca indica la entrada al palacio. Justo detrás de esta verja, a la derecha, se yergue una curiosa torre del reloj llamada en turco Saat Kulesi; es de estilo barroco, bastante alta y de cuatro pisos.
A la izquierda de la verja hay un control de seguridad, tipo aeropuerto. En mi tercer viaje a Estambul, el día 24 de diciembre de 2013, llegué allí alrededor de las 9:00 am. Me puse a la cola, en la cual esperaban ya algunas personas, pero muy pronto llegué al control, que fue sencillo y breve.
Un poco más adelante, aparece una caseta en la que se sacan los billetes. Tuve que elegir entre una visita en inglés o en turco, con guía, para las 9:30 am. Por supuesto, elegí la visita en inglés. En posteriores visitas ya no tuve que elegir porque dejó de ser obligatoria la visita con guía.Se pasa primero por debajo de una enorme arco de estilo barroco y luego de otro. Después de este último se entra en los preciosos y amplios jardines. No son los jardines de Versalles, pero hay todo tipo de árboles, plantas e incluso animales.
Tras andar unos minutos, se llega a un estanque con una fuente decorada con cisnes de piedra. El enorme edificio principal está situado un poco más hacia el norte.
piedra que permanece siempre cerrada, la Puerta Imperial, de estilo muy barroco.
Justo al lado contrario, a la derecha del estanque se puede contemplar el Bósforo, sólo separado de los jardines del palacio por unas elegantes verjas repujadas situadas entre sólidas vigas de piedra coronadas por farolas. Desde allí las vistas del Bósforo y de la parte asiática, al otro lado del Estrecho, son espectaculares. Es posible ver todo tipo de embarcaciones: barcas de pescadores, lanchas, yates, veleros, ferries, y también buques mercantes de diferentes nacionalidades navegando hacia el Mar de Mármara o hacia el Mar Negro.
Dolmabahçe fue construido en el siglo XIX en el lugar donde antiguamente hubo una especie de bahía que, con el tiempo, fue rellenada; de ahí su nombre, Dolmabahçe, "el jardín rellenado". Casi todos los últimos sultanes vivieron allí. Es el mejor símbolo del esplendor y, a la vez decadencia, de la última fase del Imperio Otomano.
El palacio es enorme. Construirlo supuso una gran carga financiera para los habitantes del empobrecido Imperio. Por lo que he leído, hay 285 habitaciones, 43 grandes salones y 6 baños turcos.
Se entra por la fachada sur de estilo neoclásico, con dos pisos de columnas.
Hubo que esperar un rato en una pequeña antesala desde la que se ve un gran salón con columnas, espejos y arañas colgando del techo. Nada más llegar se nos advirtió de que no podríamos hacer ninguna foto dentro y de que no se puede tocar absolutamente nada. Nos dieron también unas calzas de plástico para que nos las pusiéramos sobre los zapatos antes de entrar. En posteriores visitas ya no hubo que esperar ni ponernos calzas.
Un poco más de las 9:30 am llegó una guía. Era muy amable y se esforzó mucho por explicar todo en detalle y de forma amena. Hubo, sin embargo, un señor muy hosco que se enfadó mucho con ella porque no le supo contestar una pregunta que, según dijo, era muy importante para él.Hay dos zonas claramente diferenciadas. Por un lado está el Selamlık, la zona de los hombres, donde se trataban todos los temas oficiales del Imperio. Por otro lado el Harem, la zona privada del sultán y su familia.
La guía nos condujo por el Selamlık. Lo primero que vimos fue la maravillosa Escalinata de Cristal, llamada así porque la barandilla está tallada en parte en cristal de Baccarat; hay una enorme araña de cristal también y, al llegar arriba, unas grandísimas columnas de mármol con capiteles corintios rodeando toda la balaustrada.
Durante unos 45 minutos visitamos incontables salas y salones, entre ellos el Salón Rojo y la Sala de Embajadores. Pero lo más impresionante fue el Gran Salón Ceremonial o Salón del Trono, con sus enormes columnas en estilo corintio, su gigantesca alfombra y su monumental araña de cristal de Bohemia, regalo de la reina Victoria de Inglaterra al sultán. En la parte alta del Gran Salón hay unas galerías desde las que los miembros de la familia imperial podían ver lo que ocurría sin ser vistos, y los embajadores podían observar las ceremonias religiosas que tenían lugar allí sin estar presentes.
Para el Harem, que es la segunda parte de la visita, nos asignaron otro guía, un hombre muy serio y seco, con un inglés muy bueno, y con bastante poco interés por lo que estaba haciendo. Aparte de ello, esta sección del palacio es, en general, menos interesante que la anterior. Lo más destacable son el Salón Azul, el Salón Rosa y el hamam privado del sultán, todo en mármol tallado. Y, como curiosidad, la habitación donde pasó sus últimos días el primer presidente de la República turca, Mustafa Kemal Atatürk, con el reloj a las 9:05 am, hora a la que falleció el 10 de noviembre de 1938.
Además de lo anterior, hay innumerables objetos valiosísimos dentro del palacio: porcelana de todo tipo, relojes, candelabros, arañas, objetos de plata, oro y cristal, etc.Después del Harem, estuve un rato deambulando y haciendo fotos por los jardines.
Volví a visitar Dolmabahçe el sábado 7 de marzo de 2020. Todo transcurrió de manera similar a la anterior vez, incluso la mañana, que fue fresca y muy soleada, y también la hora a la que llegué, las 9:00 am.
Sólo una cosa había cambiado. Ahora ya no hay visita guiada obligatoria. La visita se realizaba con una audioguía gratis, que se ponía en marcha automáticamente cada vez que se llegaba a la habitación o a la zona correspondiente. Había, eso sí, guías privados que explicaban a sus grupos lo que estaban viendo.
Además, esta vez pude visitar por dentro la Mezquita de Dolmabahçe. Aunque no es tan espectacular como pudiera parecer por fuera y no es muy amplia, tiene grandes ventanales con muchísima luz y una bonita araña de cristal tallada en el centro. Es de estilo barroco. Recuerda a la Mezquita de Ortaköy y, en cierto modo, a algunas salas del palacio.
Volví de nuevo al Palacio de Dolmabahçe en junio de 2024. Esta vez fui con un grupo de españoles. La guía que teníamos, Demet, era encantadora; Hablaba muy bien español y nos explicó todo muy claramente y con muchísimo detalle, especialmente las zonas donde se exponía la cubertería y las vajillas del palacio. Vi más o menos lo mismo que las veces anteriores. Esta fue la primera vez que ya no se utilizaban calzas.
Regresé por última vez en agosto de 2025. Vi lo mismo que en las visitas anteriores pero pude visitar el Museo de Pintura, situado en un edificio que se encuentra un poco más allá, más al norte, del edificio principal, el que fuera el Apartamento del Príncipe Heredero. Contiene muchos cuadros de pintores turcos y extranjeros provenientes de las colecciones del palacio. No es comparable a las grandes pinacotecas europeas, pero es interesante y variado. Hay bastantes cuadros historicistas y otros del Estambul de época otomana, que a mí personalmente me gustaron mucho.
Aparte de ello, por el jardín trasero pude ver también el aviario, frente al cual correteaban en total libertad gallos, gallinas, pavos, y muchas otras aves. Además hay también un bonito invernadero de plantas.
Aunque no es tan espectacular ni tan exótico como el Palacio Topkapı, me gusta mucho también este palacio. Quizás lo más destacable de Dolmabahçe son sus jardines y las maravillosas vistas del Bósforo, y también algunas habitaciones y algunos objetos que, aunque recuerdan a otros muchos palacios europeos y parecen muy occidentales, son a la vez verdaderamente únicos por su toque oriental y turco.
En Dolmabahçe no se permite hacer fotos dentro del edificio. Y no es barato en comparación con otros monumentos de la ciudad.


