MURALLAS DEL MÁRMARA

En mi segundo viaje, después de visitar el Parque Gülhane, salí por una puerta que da al Cuerno de Oro. Está muy cerca de la Punta del Serrallo (Sarayburnu), donde confluyen el Cuerno de Oro, el Bósforo y el Mar del Mármara. 

Había unas obras que impedían llegar hasta la Punta del Serrallo. No obstante, más allá del muro que impide el paso, hay una especie de playa rocosa y un paseo muy agradable en la zona en la que comienza ya el Mar del Mármara. Desde allí las vistas del lado asiático, de Galata y del Palacio Topkapi son impresionantes.

Me llamaron mucho la atención las Murallas del Mármara. En esa parte están bastante bien conservadas. Las recorrí pegado a ellas, por un camino que las va rodeando. Por la carretera no dejaban de pasar coches y los atascos y pitidos eran frecuentes, pero por el camino que cogí, me encontré a muy poca gente y pude verlas con mucho detenimiento sin que nadie me molestara. 

Una de las características de la arquitectura militar bizantina es la construcción muy sólida, de piedra, pero entremezclada con franjas de ladrillo rojo. 

Seguí andando un buen rato hasta que, llegado un punto, desaparecieron prácticamente. Volvieron a aparecer otra vez, más deterioradas, poco antes de llegar a las ruinas del Palacio de Bucoleón.


Aparte de esta caminata, pude ver también las Murallas del Mármara la última mañana de mis dos primeros viajes a Estambul. El conductor que nos llevó del hotel al aeropuerto pasó por la avenida Kennedy. Fue un regalo porque pude contemplar parte de las Murallas del Mármara, las Murallas de Teodosio II en su intersección con las Murallas del Mármara y la Torre de Mármol, y, a lo lejos, la fortaleza de Yedikule y las ruinas de la Puerta Áurea.